El peso que le damos a las preocupaciones

Diariamente, cada uno de nosotros tiene preocupaciones. Puede que sean más graves que otras, pero la realidad es que sea cual sea, para la mayoría dicha preocupación se siente como si se fuera a acabar el mundo. Lo que no logramos entender, es que mucho tiene que ver el peso que le damos a las preocupaciones en nuestras vidas.
En términos generales, cuando nos preocupamos estamos pensando en algo que ya pasó o en algo que puede pasar. El hecho de preocuparse roba mucho de nuestro presente, de nuestra capacidad de vivir y aprovechar el presente. Cuesta mucho entender que hay cosas por las que no podemos hacer nada para que se solucionen. Al igual que hay cosas que son así y simplemente no pueden ser de otra manera. El ser humano es muy caprichoso y siempre desea que las cosas sean como a él le parece que deben ser. Pero la realidad es otra.
En la vida hay momento fáciles y difíciles. Hay épocas mejores que otras. Tal como expliqué en días anteriores sobre la felicidad, es cuestión de la perspectiva con la que se ven las cosas.
Lo único que se puede hacer con las preocupaciones es o bien ocuparse de comenzar poco a poco a hacer lo que toque hacer para solucionar lo que nos preocupa (siempre y cuando eso esté a nuestro alcance), o bien dejar de pensar tanto en dicha preocupación.
Yo solía ser -y admito- todavía me sucede, una mente que no paraba de pensar en todo lo que le preocupaba. Perdía mis días preocupándome por todo lo que quería hacer y no podía, por todo lo que aspiraba y esperaba. Mi mente estaba en otro lugar y yo me sentía cargada, estresada, embotada. Muy agradecidamente, me fui dando cuenta que yo le atribuía a mis preocupaciones un peso gigantesco que no me dejaba disfrutar lo que tenía en mi presente. Así, perdí oportunidades, descuidé relaciones importantes y no lograba sintonizarme conmigo misma.
Lo que fui aprendiendo, y es lo que quiero compartir, es que no podemos darle tanto peso a las preocupaciones. Debemos empezar a entender que hay situaciones en la vida en las que en el presente no podemos hacer nada al respecto. Hay veces que lo mejor es no actuar, lo cual es mucho más difícil que actuar. El tiempo muchas veces trae las soluciones sin que nos preocupemos.
Así que, cada vez que venga una preocupación a nuestra mente, pensemos: ¿hay algo que yo pueda hacer al respecto? ¿me puedo ocupar de esto? Si la respuesta es negativa, dejemos la preocupación pasar y respiremos hondo para enfocar nuestra atención hacia el presente.
Quisiera compartir esta historia para concluir:

Una psicóloga en una sesión grupal levantó un vaso de agua. Todo el mundo esperaba la pregunta: ¿Está medio lleno, o medio vacío?. Sin embargo, ella preguntó:
– ¿Cuánto pesa este vaso?.

Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.

Pero la psicóloga respondió:

“El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo 1 minuto, no es problema, si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo, si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, máspesado, más difícil de soportar se vuelve.”

Y continuó:

“Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellos un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada.”

¡Acuérdate de soltar el vaso!

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